HISTORIA

La Virgen de la Candelaria del Socavón, más conocida como la Virgen del Socavón, es una advocación de la Virgen María que se venera en la ciudad de Oruro, Bolivia.

Su fiesta se celebra el domingo de carnaval, es la patrona de los mineros, además declarada “Patrona del Folklore Nacional” por ley de 12 de febrero de 1994.

Es venerada particularmente por los mineros, que le agradecen y le piden que no les falte los riquezas minerales en los socavones de las minas. Cada año es visitada el sábado de carnaval por más de cuarenta mil bailarines, que después de haber recorrido más de cinco kilómetros bailando con fe y devoción, terminan pasando de rodillas delante de su imagen. Su fiesta fue reconocida como “Obra Maestra del Patrimonio Oral e Intangible de la Humanidad” por la Unesco el 18 de mayo de 2001.

ORIGEN DEL CULTO DE LA VIRGEN DEL SOCAVÓN

El sábado de Carnaval del año de gracia de 1789, por la tarde , medía tranquilamente su compasado andar, en la vereda norte de la calle Andalucía, hoy Chimborazo, de la famosa Villa de Oruro de San Felipe de Austria, un hombre de mediana estatura y con el aspecto exterior de un honrado artesano.
Escondía sus facciones entre los gruesos pliegues de un confortable abrigo y avanzaba sereno su camino, absorto en apariencia en alguna meditación.
Al llegar á la esquina que es hoy de la “Cruz Verde”, miró con cierto recelo hacia la casa de Gobierno (Aduana Nacional), abrigó cuidadosamente su cara con su poncho, caló el sombrero, requirió en su seno objeto largo y blanco y apresuró sus pasos con dirección al “Pie de Gallo”.
La parte más extensa de la que en aquel entonces era ya famosa Villa de San Felipe, por sus inmensas riquezas minerales, se extendía en las mismas faldas de los cerros “Pie de Gallo” y “Tetilla”. Nuestro hombre avanzaba a aquellas partes, esquivando en lo posible las escasas luces que se proyectaban en la calle.

Después de atravesar varias callejuelas y evitando todo encuentro, llegó a una tapia de mediana elevación.
Agazapado en un ángulo del estrecho recinto que encerraba aquella tapia, Anselmo Belarmino, que así se llamaba, nuestro héroe, hizo luz en su yesquero y encendiendo una vela que llevaba escondida en el seno, la colocó en un candelero de barro.
Momentos después podía contemplársele arrodillado, orando fervorosamente ante la imagen de una Virgen de Candelaria, pintada con notables rasgos y coloridos artísticos en la pared de aquel solar abandonado y casi destruido.
Ciertos informes y extraños antecedentes que recientemente llegó a conocer el comerciante Sebastián Choquiamo, de mediana fortuna, obligaron a éste, pocos días antes del Carnaval, a despedir de su casa y desahuciar rotundamente las pretensiones de matrimonio que había manifestado un novio de su hermosa hija, la india Lorenza Choquiamo.
La noche del día sábado que ya llevamos indicado, Sebastián estaba ausente de su casa y Lorenza despachaba casi automáticamente en la tienda de su padre, situada en el barrio de Conchupata.
Con todo el tono de esa seminobleza de la época de nuestro coloniaje y apoyado airosamente en una lujosa daga que llevaba al cinto, entró a la tienda de Lorenza un apuesto joven, de 26 años más o menos, y pidió con imperio una copa de aguardiente.
A la luz vacilante de un candil se podía notar en las facciones de este joven cierto aire sospechoso y algunos rasgos repulsivos a primera impresión. Tenía la frente chata, los ojos pequeños y vivísimos, la nariz aguileña y una esposa barba cubría la mitad de su cara. Devoraba con la vista a Lorenza, y sin más trámite ni cumplimiento arrastro con el pie un banquillo y se sentó a saborear su aguardiente Junto al mostrador de Lorenza.
Preguntó por el dueño de la casa. y después de observar con alguna inquietud los ángulos oscuros de la tienda, se arrancó convulsivamente la barda postiza que le desfiguraba y se dejó reconocer de Lorenza: era su prometido:
En los anales de aquellos tiempos se puede compulsar el terror pánico que llegó a inspirar en estas comarcas el famoso bandido “nina – nina” o “chiru chiru”, especie de monstruo que perpetraba sus robos con la mayor audacia y la más astuta sangre fría. Este asesino no pudo ser tomado por la policía, y ni los premios de la autoridad ofrecía por su cabeza, ni las diversas partidas que se organizaron contra él, ni las celadas que se le tendían, tuvieron un resultado favorable.
Casi todas las noches de la real Villa de S. Felipe de envolvían entre sus sombras y el terror creciente de la vecindad, una víctima del implacable “nina – nina”. Su solo nombre hacía erizas los cabellos de nuestros abuelos y los obligaba a recogerse a sus casas apenas se disipaban las tenues claridades del crepúsculo.
Las siete y media de la noche serían escasamente el sábado de carnaval que ya citamos, cuando Sebastián Choquiamo se recogía apresuradamente a su casa. Media cuadra antes de llegar a su destino. Choquiamo tropezó con una pareja que le embarazaba el paso. Cedió respetuosamente la vereda, pero un ahogado “mi padre”, que salió del grupo, hizo retroceder a Choquiamo. Comprendió en un segundo que su hija fugaba con su pretendiente y entabló con éste una lucha desesperada.
Cinco minutos después, un estridente ¡ay! Hizo vibrar los aires y una masa pesada quedó tendida en el suelo, mientras un hombre y una mujer se alejaban presurosos del lugar de aquella escena. Poco después de lo que llevamos narrado, una joven hermosa, vestida de negro, golpeaba la puerta del hospital, apoyando su brazo en un joven que casi desfallecía. Hizo instalar con la enfermera a su protegido en el mejor nicho, encargó que llamaran al señor Cura y desapareció súbitamente y como por encanto después de dar su bendición al agonizante y hablándole al oído cortas palabras.
Don Carlos Borromeo Mantilla, Párroco de Oruro en 1789, recibió la confesión del paciente, quién en esos supremos momentos de agonía y teniendo aún clavada en la garganta su propia daga, expuso que él era devoto de una Virgen de Candelaria que existía en un solar abandonado de la ciudad, y a cuya imagen dedicaba todos los sábados una vela; que él era Anselmo Belarmino, alias el “nina – nina”, y que estando próximo a expirar sin confesión en manos de Sebastián Choqueamo, había sido auxiliado por la misma Virgen, a quién veneraba.

A partir de este episodio, ese lugar se convirtió en un centro de romería permanente, hasta nuestros días.

Zaconeta concluye, atribuyendo a los mineros de la zona, la adopción de los siguientes acuerdos: Esa mina de Pie de Gallo se llamaría en adelante “Socavón de la Virgen”, debiendo honrársela anualmente durante tres días a partir del sábado de Carnaval. Difundir este acuerdo unánime en toda la jurisdicción y componer canciones y villancicos en loor de la imagen, y esto que es importante, “que para honrar debidamente a su excelsa Patrona, todos los mineros se disfrazarían precisamente de diablos”.

Esto último, devino de que los mineros siempre tuvieron sentimientos arraigados y ancestrales, de que el “tío” - que es el equivalente del diablo - interviene en el éxito o en el fracaso se sus labores en el subsuelo; por lo que modelan con barro o la greda más fina, una representación de satanás en bulot, colocándola en las grietas preferidas de los parajes mineros, para rendirle pleitesía con vetas de sebo encendidas, masticaciones de coca y sendas libaciones de licor; amen de invocaciones cánticos y challas periódicas con sacrificios de llamas jóvenes, conocidos con los nombres de “convidos a la Pachamama”,”mesas” y “wilanchas”.

José Víctor Zaconeta, publicó en 1925 en su libro “Odas y Poemas”, “La Virgen del socavón y la Corte Infernal”

VERSIÓN DE EMETERIO VILLARROEL

La otra versión relativa a la aparición de la Virgen del Socavón - matizada de romanticismo y drama - encontramos en la Novena compuesta en honor de la Protectora, por el cura Emeterio Villarroel y publicada a fines del siglo pasado. El personaje central es Anselmo Berlamino, apodado el “nina-nina” y pretendiente de Lorenza Choquiamo, una beldad india, hija de un comerciante de mediana fortuna llamado Sebastián Choquiamo.

De Anselmo Berlamino, dice aquella pieza eclesiástica, “en los anales de aquellos tiempos se puede compulsar el terror pánico que llego a inspirar en estas comarcas el famoso bandido Nina-Nina, especie de monstruo que perpetraba robos con la mayor audacia y la más astuta sangre fría. Este asesino no pudo ser tomado por la policía y ni los premios que la autoridad ofrecía por su cabeza, ni las diversas partidas que se organizaron contra él, ni las celadas que se le tendían; tuvieron un resultado favorable”.
El sábado de Carnaval de 1789, “nina-nina” planificó huir con su prometida Lorenza (que atendía el almacén de su padre en las inmediaciones del Conchupata) ante las negativas de su padre podara acceder al noviazgo, enterado como estaba de su mal de vivir.

“nina-Nina”, devoto como era de la Virgen de la Candelaria, previamente acudió a un solar de la parte más alta de la ciudad, para encender dos cirios a la imagen, entonces ignorada por el común de las gentes.

Alrededor de las 7 y media de la noche, encamino sus pasos hacia el almacén de los Choquiamo. Cuando ejecutaban el plan de la huida, fueron sorprendidos por el padre que retornaba al hogar. Se entabló desesperada lucha, saliendo perdidoso el bandido, víctima de mortal puñalada.

Desfalleciente el “nina-nina” fue conducido por una joven hermosa al hospital de la Villa, encargando se le profijaran las mejores atenciones y que llamaran al señor cura. Luego desapareció súbitamente y como por encanto después de dar su bendición al agonizante y hablándole al oído cortas palabras.

En esta narración entra lo histórico, cuando el autor de la Novena, sostiene que el párroco de Oruro Carlos Borromeo Mantilla en ese año de 1789, “recibió confesión del paciente, quien en esos supremos momentos de agonía y teniendo aún clavada en la garganta su propia daga, expuso que él era devoto de una Virgen de la Candelaria que existía en un solar abandonado de la ciudad, y a cuya imagen dedicaba todos los sábados una vela; que él era Anselmo Berlamino alias en nina-nina y estando próximo a expirar sin confesión en manos de Sebastián Choquiamo, había sido auxiliado por la misma Virgen a quien veneraba.
Esta versión que contiene mayor verosimilitud, sobre el origen de la Virgen del Socavón, marca entonces el inicio de un culto frenético que conocemos en nuestros días y que como en ninguna parte del orbe, encuentra su identidad en las magnas celebraciones del carnaval de la actual capital del Folklore Boliviano, por su raigambre legítimamente andina y por una simbiosis mítico-pagana.

Villarroel, Emeterio: Folletín Candelizas de la milagrosa Virgen del Socavón, fines siglo XIX.

SINCRETISMO: LA PACHAMAMA, EL TÍO Y LA VIRGEN

Según Erick Ortega, el baile de los diablos fue el primero realizado en honor de la Virgen del Socavón. Años después, en 1904, la entrada carnavalera se institucionalizó a la cabeza de la Diablada. El autor Ascanio Nava afirma que el 25 de noviembre se formó el primer conjunto de danza: La Tradicional Auténtica Diablada de Oruro. Los mañazos, comercializadores de carne, eran los integrantes de la misma. Para este año, Demetrio Alcalá, el presidente de la fraternidad, prepara una entrada especial en honor al centenario de su agrupación.

Es el Diablo quien, bajo el nombre de Tío, ayuda a sus sobrinos los mineros. Al identificarse la mina con la imagen de la Virgen del Socavón se produce un extraño sincretismo, surgiendo la mencionada danza de la Diablada, mezcla de ángeles y demonios que coexisten en una continua lucha donde se hacen sutiles y difusas las líneas que diferencian el bien y el mal.

SU APARICIÓN DESDE LA COLONIA

La imagen de la Virgen del Socavón, fue pintada el siglo XVI, concebida el año 1500 aproximadamente. Don Josermo Murillo afirma que los colonizadores entronizaron a la Virgen de la Candelaria entre 1540 y 1550.Al fundarse Oruro en 1606 se efectuó su coronación oficial, lo cual fue comprobado por religiosos Agustinos entre 1570 y 1600, que se efectuaba el culto a la virgen del socavón por conquistadores españoles que celebraban cada 2 de febrero, honores a la Virgen de la Candelaria. Fue revelada oficialmente ante el conocimiento de todo el público en 1789. Sin embargo, mucho antes de esa fecha, los habitantes de la otrora Villa de San Felipe de Austria, tomaron conocimiento de su existencia, sin el culto frenético de nuestros días.
Don Eduardo Ocampo Moscoso narra que el carnaval de Oruro expresa el sentido religioso proveniente de una raíz religiosa Andina y Católica, fruto de la llegada de los españoles a América. En 1987 se inició el proceso de ampliación y remodelación del Templo del Socavón, el cual fue inaugurado en 1991.
Al año siguiente 1992, se descubrió la imagen restaurada por expertos de la Virgen Morena del Socavón patrona de los mineros y venerada por millares de folkloristas en el Carnaval de Oruro. En el subsuelo del santuario se encuentran el Museo Costumbrista y Mineralógico, como muestra de la simbiosis pagano-religiosa.